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Joaquín Ferrer /
Archivo En la
Sociedad de la
Información, el periodismo
profesa los valores de la
Modernidad: democracia,
derechos humanos, ética,
libertad |
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Quizás, quienes
primero olvidan que el periodismo es una labor intelectual son
los mismos periodistas, inmersos, como están, en las rutinas y
ritos propios del oficio.
Y es que llevarle el pulso noticioso a los días,
generando la historia pequeña con la cual alimentar
la
Historia con mayúsculas, implica mucho más
que reproducir versiones de los hechos y darles coherencia
escrita, audiovisual, gráfica o hipertextual: demanda conciencia, libertad
y responsabilidad.
Yes que, en
efecto, el periodismo es una labor intelectual. Así lo
entiende Delia Crovi Druetta, investigadora de la comunicación
de la Universidad
Nacional Autónoma de México (UNAM), quien en
su artículo Periodistas del nuevo sigloseñala: “El periodista como profesional de la
información se ha convertido en uno de los intelectuales más
importantes de este siglo, porque forma parte de los que
crean, distribuyen y aplican la cultura, es decir, el mundo
simbólico del hombre, de acuerdo con Seymour Martin
Lipset. En mi opinión podemos estar
hablando del intelectual con mayor peso social de estos
tiempos. El mismo que, en parte, ha ocupado el vacío dejado
por los partidos políticos, los gobernantes, la escuela y los
propios intelectuales
arquetípicos”.
· Hijos de la modernidad
El oficio de intelectual tiene su razón de ser en la misma
Ilustración, cuando surgió su figura como la de quien debía
esclarecer -y acaso arbitrar- la razón, por la cual cada uno
de los seres humanos debía regirse, en la
Modernidad, llamados a sustituir la vieja
rectoría espiritual de los sacerdotes, en un mundo cada día
más laico.
Con el tiempo,
los intelectuales suscribieron la Modernidad como
proyecto y fueron ocupando, en ella, sus posiciones. Norberto
Bobbio en La duda y la elección,
intelectuales y poder en la sociedad contemporánea los
caracteriza: clérigos, intelectuales que aspiraban a la
influencia para aconsejar al poder; mandarines, doctos
instructores de la opinión pública; expertos, dedicados a
especializarse en una parcela del saber. No obstante, Lipset ofrece otra
clasificación: el intelectual
socialmente desligado, libre; y el intelectual orgánico,
comprometido con su clase social.
Sobre este último, el mismo Antonio Gramsci, autor del concepto, ha
señalado: “Todo grupo social que
surge sobre la base original de una función esencial en el
mundo de la producción económica, establece junto a él,
orgánicamente, uno o más tipos de intelectuales que le dan la
homogeneidad no sólo en el campo económico, sino también en el
social y en el político”.
Los intelectuales liberales y el intelectual
orgánico tradicional, fueron refugiándose en la
Academia, comoprofesores e investigadores. Pero a
medida en que las industrias culturales cobraron fuerza en la
formación de la sensibilidad colectiva, el periodista fue
asumiendo labores que antes eran exclusividad de los
intelectuales.
Lo que lleva
a Félix Ortega y María Luisa Humanes en su libro Algo más que
periodistas, sociología de una profesión, a señalar que “el
tipo más generalizado de intelectual, que no es otro que el de
las corporaciones de comunicación, es una nueva forma de
‘intelectual orgánico’
.
Y esto es así
porque se vincula con uno de los modos de producción más
específico de nuestras sociedades.
Si el viejo intelectual orgánico se ligaba y
comprometía con las clases sociales (en su acepción marxista)
el intelectual de hoy lo hace con las organizaciones
esenciales en el esquema de
producción”.
· Ante
la tribuna En Venezuela, la
elaboración de un periodismo intelectual nace -puede decirse-
con la
República y en ella ha sido común ver
políticos que emplearon a la prensa como tribuna para la
doctrina del cambio: un Antonio Leocadio Guzmány
su periódico El
Venezolano, abanderado del
federalismo; un Rómulo Betancourt columnista de temas
económicos, en la década de los 40’, un Arturo Uslar Pietri
editorialista del diario Ahora, donde acuñó la
frase “‘sembrar el petróleo” y con ella, quizás, la cita,
siempre postergada, con el destino de la nación; un Héctor
Mujica director de Tribuna Popular ; un
Teodoro Petkoff, un Guillermo García
Ponce... O periodistas que se comprometieron con el cambio
político, bien como clérigos, mandarines o de manera aun más
‘orgánica’, haciendo activismo en las
comunidades.
Muchos lucen
sus nombres cada día, otros viven en el recuerdo cotidiano,
pero aún más, en la Historia con
mayúsculas que, con su trabajo, ayudaron a
construir. |