18 / El Mundo / Martes / Caracas , 27 de Junio de 2006



El periodismo es oficio de intelectuales

En un mundo globalizado y ante el surgimiento de la Sociedad de la Información, el periodista tiene las misiones que la Modernidad había consagrado a los intelectuales de la Ilustración

Carlos Delgado-Flores

 

 

 

Joaquín Ferrer / Archivo
En la Sociedad de la Información, el periodismo profesa los valores de la Modernidad: democracia, derechos humanos, ética, libertad

Quizás, quienes primero olvidan que el periodismo es una labor intelectual son los mismos periodistas, inmersos, como están, en las rutinas y ritos propios del oficio.

Y es que llevarle el pulso noticioso a los días, generando la historia pequeña con la cual alimentar la Historia con mayúsculas, implica mucho más que reproducir versiones de los hechos y darles coherencia escrita, audiovisual, gráfica o hipertextual: demanda conciencia, libertad y responsabilidad.

Yes que, en efecto, el periodismo es una labor intelectual. Así lo entiende Delia Crovi Druetta, investigadora de la comunicación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien en su artículo Periodistas del nuevo sigloseñala:
“El periodista como profesional de la información se ha convertido en uno de los intelectuales más importantes de este siglo, porque forma parte de los que crean, distribuyen y aplican la cultura, es decir, el mundo simbólico del hombre, de acuerdo con Seymour Martin Lipset. En mi opinión podemos estar hablando del intelectual con mayor peso social de estos tiempos. El mismo que, en parte, ha ocupado el vacío dejado por los partidos políticos, los gobernantes, la escuela y los propios intelectuales arquetípicos”.

·  Hijos de la modernidad El oficio de intelectual tiene su razón de ser en la misma Ilustración, cuando surgió su figura como la de quien debía esclarecer -y acaso arbitrar- la razón, por la cual cada uno de los seres humanos debía regirse, en la Modernidad, llamados a sustituir la vieja rectoría espiritual de los sacerdotes, en un mundo cada día más laico.

Con el tiempo, los intelectuales suscribieron la Modernidad como proyecto y fueron ocupando, en ella, sus posiciones. Norberto Bobbio en La duda y la elección, intelectuales y poder en la sociedad contemporánea los caracteriza: clérigos, intelectuales que aspiraban a la influencia para aconsejar al poder; mandarines, doctos instructores de la opinión pública; expertos, dedicados a especializarse en una parcela del saber. No obstante, Lipset ofrece otra clasificación:
el intelectual socialmente desligado, libre; y el intelectual orgánico, comprometido con su clase social.

Sobre este último, el mismo Antonio Gramsci, autor del concepto, ha señalado:
“Todo grupo social que surge sobre la base original de una función esencial en el mundo de la producción económica, establece junto a él, orgánicamente, uno o más tipos de intelectuales que le dan la homogeneidad no sólo en el campo económico, sino también en el social y en el político”.

Los intelectuales liberales y el intelectual orgánico tradicional, fueron refugiándose en la Academia, comoprofesores e investigadores. Pero a medida en que las industrias culturales cobraron fuerza en la formación de la sensibilidad colectiva, el periodista fue asumiendo labores que antes eran exclusividad de los intelectuales.

Lo que lleva a Félix Ortega y María Luisa Humanes en su libro Algo más que periodistas, sociología de una profesión, a señalar que “el tipo más generalizado de intelectual, que no es otro que el de las corporaciones de comunicación, es una nueva forma de ‘intelectual orgánico’ .

Y esto es así porque se vincula con uno de los modos de producción más específico de nuestras sociedades.

Si el viejo intelectual orgánico se ligaba y comprometía con las clases sociales (en su acepción marxista) el intelectual de hoy lo hace con las organizaciones esenciales en el esquema de producción”.

·  Ante la tribuna En Venezuela, la elaboración de un periodismo intelectual nace -puede decirse- con la República y en ella ha sido común ver políticos que emplearon a la prensa como tribuna para la doctrina del cambio: un Antonio Leocadio Guzmány su periódico El Venezolano, abanderado del federalismo; un Rómulo Betancourt columnista de temas económicos, en la década de los 40’, un Arturo Uslar Pietri editorialista del diario Ahora, donde acuñó la frase “‘sembrar el petróleo” y con ella, quizás, la cita, siempre postergada, con el destino de la nación; un Héctor Mujica director de Tribuna Popular ; un Teodoro Petkoff, un Guillermo García Ponce... O periodistas que se comprometieron con el cambio político, bien como clérigos, mandarines o de manera aun más ‘orgánica’, haciendo activismo en las comunidades.

Muchos lucen sus nombres cada día, otros viven en el recuerdo cotidiano, pero aún más, en la Historia con mayúsculas que, con su trabajo, ayudaron a construir.

 

Desde los clásicos

En una de sus obras clásicas, El político y el Científico, el sociólogo alemán Max Weber (18641920) se refiere al oficio del periodista en estos términos: “El periodista comparte con todos los demás demagogos, así como también con el abogado y el artista, el destino de escapar a toda clasificación precisa. Pertenece a una especie de casta paria que la ‘sociedad’ juzga siempre de acuerdo con el comportamiento de sus miembros moralmente peores. Así logran curso las más extrañas ideas acerca de los periodistas y de su trabajo. No todo el mundo se da cuenta de que, aunque producida en circunstancias muy distintas, una obra periodística realmente ‘buena’ exige al menos tanto espíritu como cualquier otra obra intelectual, sobre todo si se tiene en cuenta que hay que realizarla aprisa, por encargo y para que surta efectos inmediatos.

Como lo que se recuerda es, naturalmente, la obra periodística irresponsable, a causa de sus funestas consecuencias, poca gente sabe apreciar que la responsabilidad del periodista es mucho mayor que la del sabio y que, por término medio, el sentido de la responsabilidad del periodista honrado en nada cede al de cualquier otro intelectual” Ello describe parte del compromiso del oficio para con los lectores, tanto como la expresión de Georg Hegel (1770-1831): “La lectura matutina del periódico es la oración del hombre civilizado” sirve para calibrar el alcance, en el desarrollo de la sensibilidad moderna, de la información. Piense en eso el lector cuando ojee estas páginas, que aunque vespertinas, esperan no desmerecer.