Periodismo en tiempos de conflicto
Ya no está tan fresco, pero el sábado pasado apareció un texto sobre Periodismo de Paz en el diario Últimas Noticias, página 19, en la sección del grupo académico Aquí Cabemos Todos.
El texto fue publicado junto a uno del periodista del diario El Nacional, David González, que recientemente recibió una mención especial del premio nacional de periodismo.
Su texto fue Periodismo en tiempos de conflicto, en el que el viejito decía lo siguiente:
En los últimos años de polarización en Venezuela, el periodismo ha pasado a comprenderse a priori como un ejercicio profesional cuyo fin último es apoyar o atacar al gobierno. El atributo de la identificación política, de la militancia por una causa determinada, se ha convertido para muchos en el elemento constitutivo de la profesión y en el primer criterio de análisis de la ética de un reportero. Todo intento de situarse más allá de esos extremos ha de resultar sospechoso. Se trata de un maniqueísmo que, en realidad, conviene mucho más a los actores políticos que a los periodistas.... (y agregaba esto sobre el Premio Nacional que recibió)
Recibí una mención especial del jurado en un gesto que saludé no porque fuera yo el seleccionado. Interpreté la decisión como una demostración de que no puede obviarse el trabajo serio que realizan decenas de reporteros en los medios privados.
Es un argumento contra quienes se empeñan en presentarnos como amigos o como enemigos de una causa. Claro que no todos entendieron mi participación de la misma manera. Después de que recibí una placa con la mención que me habían entregado, un reportero de Venezolana de Televisión me preguntó mi opinión sobre la distribución de los premios entre "periodistas del gobierno y de la oposición". Los términos del interrogante son elocuentes sobre lo que dije al principio.
Debo reconocer que muchos amigos periodistas me dieron el pésame o me dijeron que se sentían defraudados porque no me creían amigo de un gobierno que ataca la libertad de expresión (en estas líneas cortas es imposible debatir sobre el tema). También hubo quienes, en la acera del frente, consideraban a priori inmerecida mi presencia en la lista nada más al enterarse del periódico en el que trabajo. Fue incómodo, es cierto, pero me convencí de que todo esto sirvió para ratificar que estoy en el sitio preciso donde quiero estar y no donde los políticos me quieren ubicar. Ese es un esfuerzo que debemos hacer todos los reporteros por la profesión. Y no olvidar que la historia es elocuente en ejemplos de que las relaciones entre prensa y poder son mucho más que difíciles y que la batalla puede ser más efectiva si se supera el estilo estridente y si se insiste en estar en la calle con la libreta, el bolígrafo y los oídos atentos al sufrimiento ajeno.





