A 70 años del grito
Sé poco de su historia, y eso es una deuda grande con el abuelo. Saber qué cojones pasó durante esos años.Pueden ver por acá el espectacular trabajo hecho por el diario El Mundo sobre la Guerra Civil española. A 70 años del grito a sangre y plomo.
Por allí decían que tal vez los blogs eran baúles de anecdotarios alimentados por la incapacidad de ficción que tienen sus autores. Yo parto de que la vida real es más sabrosa, por eso la búsqueda constante de estas perdiciones.
Sé poco del abuelo. Pero sé al menos que era un gallego tozudo. Con un carácter fuerte al que sólo una persona en la casa se le enfrentaba de igual a igual: mi madre. Lo sé aunque ella no lo contará nunca. Sí reconoció una vez que tendemos a imitar los rasgos. Como esta nariz medio extraña que no entra en el perfil latino de la familia paterna. Como el gustito por la tortilla de patatas... y el aceite de oliva.
El abuelo participó en la Guerra. Del lado de Franco, qué se le va a hacer. Y murió en la década del 70, cuarenta años después del horror aquel que separó familias y volvió mierda la tierra de la que se tuvieron que levantar de a poco. En medio de una dictadura.
No lo conocí. Pero se siente en el respeto con el que se habla de él. Se siente en la reverencia de sus hijos cuando dicen "Papa", con acento en la primera "pa". Me lo ponen sobre la mesa y me lo presentan tras cada cena, cuando la familia recuerda el viaje transatlántico que los puso aquí pocos años antes de que muriera en este país. Al que se vino por la boda de un hijo y se quedó cuando el clima le recuperó la voz. Solo eso.
El abuelo no huyó en la postguerra. Era su pueblo el que estaba destrozado y se quedó a ver qué hacía. Pero sí despidió en puertos a sus hermanos y algunos vecinos entre los años treinta y cuarenta.
Lo recuerdo por un gesto sobre todos los que me han contado. (Más allá del borrico al que le fracturó la mandíbula de un golpe por haber pateado a la abuela. Más allá de la torpeza y la enternecedora humildad de traerse todos los electrodomésticos a un continente que utiliza otra electricidad. Más allá de lo tozudo)
El abuelo fue el encargado en su pueblo de escribir las cartas de sus vecinos para pedir provisiones o comunicarse con familiares. En medio de la postguerra hambrienta y los pedacitos de patria desgajados, el abuelo con su caligrafía exquisita se encargó de darle palabra escrita a quienes no podían. A quienes la batalla sacó de las escuelas y les puso un fusil y aprendieron (mal) a morir.
Y por eso lo recordaban aún 20 años después de su muerte por allá. Y me estrujó porque lo supe hace muy poco. El abuelo escribía.
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Aquí, Suspiros de España (letra). Cantada por Diego El Cigala. Banda sonora de la película Soldados de Salamina. Pero mejor lean el libro...





