El ratón periodiquero
El ratoncito tiene días haciendo apariciones rastreras en las esquinas. Me lo he cruzado en las madrugadas de lecturas, y también la dueña del apartamento donde alquilo una habitación.
Claro, hay un ratón en casa, como puede haberlo en cualquier casa. Pero la pregunta me la soltaron ayer como quien no quiere insinuar lo que en realidad piensa mientras le brilla en los ojos.
"Mira chico, ¿y ese ratón no estará aquí por el montón de periódicos que tienes en tu cuarto?"
Y claro, el apartamento puede tener una terraza generosa para los desperdicios que lanzan desde arriba; ese refugio puede tener una perra que nunca bañan y que se revuelca en su chiquero; la casa puede estar arriba de un restaurant de comida china; y también puede que la rutina del aseo del edificio permita la cría libre de ratas, acures, chigüires y demás roedores mutantes. Pero si en casa hay un ratoncito, seguro salió de la cueva donde el carajito ese tiene sus periódicos.
Porque somos así de básicos. Si hay algo malo o reprochable en nuestro espacio, inmediatamente lo achacamos (encasquetamos, para que los lectores de afuera aprendan venezolanismos) a cualquier elemento que consideremos externo. Nuestros errores se transmutan, sencillamente, como responsabilidad del otro.
Eso recordé cuando el amigo JorgeLetralia comentó una teoría conspirativa en el post referido a la dispersión opositora:
Un amigo cubano (no de los cubanos revolucionarios, claro está) me decía el otro día: “en la oposición hay chavistas infiltrados, de otra manera no se explica que todo les salga mal”. Bueno, sí se explica, repliqué yo: hay mucho "líder" que por falta de lucidez o exceso de avaricia contribuye a la moradización del caldo. En todo caso, “a veces provoca pensar que la teoría conspirativa de mi amigo cubano es verídica”.Y sí. También los partidarios del gobierno aplican el comodín, cada vez que algo huele a incapacidad, denuncian de inmediato a la CIA, al imperio que contraataca, a los escuálidos y los golpistas. Así me decía un taxista hace poco cuando jugábamos a los paseos lunares en una carrera nocturna por los cráteres de la ciudad capital: "Yo los he visto, de noche salen grupos de escuálidos a reventar las calles para echarle la culpa al alcalde".
¿Y no se decía lo mismo hace más de una década cuando aparecieron las manchas negras en las autopistas del país? Que salían personas (unos otros enemigos que conspiran contra nosotros) a untar con químicos resbaladizos las vías para ocasionar accidentes que desestabilizaran al gobierno (al de entonces).
Los mecanismos de la culpabilización son tristemente predecibles. Muchas veces se escudan en el horizonte de expectativas que tiene el creyente fervoroso de una tendencia. Y lo peor: se le ven las costuras.
Es previsible que si algo falla con las primarias o con el mentado acuerdo de unidad opositora, la culpa será de Chávez. Más de un candidato primario lo ha insinuado y será la bandera del retiro cuando llegue su momento. Su propia incapacidad lo hace identificar en Miraflores
el fracaso de su vida.
Estamos claros, gracias al CNE, que todo error en el registro es culpa de la oposición de la cuarta república que inscribió y puso a votar a Josefa, la señora que nació el año siguiente de la muerte Bolívar.
Como una suerte de ratoncito lector que viene a enterarse de la política del país en mi habitación, los miles de votantes bebés que han conseguido en el Registro Electoral son también una conspiración opositora. Entiéndase bien, no son un simple descuido del funcionario o funcionaria que inscribió a unos ciudadanos recién nacionalizados y puso en la fecha de nacimiento la fecha de nacionalización. Léase, es mejor acusar al otro y no pararse un momento al borde del camino para revisar el vehículo antes de seguir el rumbo.
Hoy compraron veneno para ratones. Yo empezaré a ponerle comida sólo por joder. Y claro, le esconderé el cuerpo deportivo de hoy, para que no se deprima. Qué ratonada.





