Los cronistas no mueren
Luego de colgar por acá el video sobre el infierno de los periodistas, un comentario travieso preguntaba sobre el destino postmortem de los cronistas...Y respondo por acá:
Los cronistas no mueren. No descienden ni se elevan porque se quedan por aquí, con nosotros. Son nosotros. Los cronistas laten como los días porque saben jugar la guerra de la permanencia. Los buenos cronistas saltan la barrera del olvido porque logran que el lector los aferre. Entonces, el cronista no sólo cuenta: re-crea. Fija y atrapa en un cuadro los devenires de los signos de los tiempos.
El cronista cultiva el árbol del bien y del mal, creo que los creyentes lo resumen como el árbol de la sabiduría. Son a la vez serpiente, y dominan al arte de tentar con la lengua: con el lenguaje. Acerquémonos a cualquier momento de la historia y encontraremos en los cronistas la voz que tañe y demuestra que el tiempo, por más que lo usemos, no se nos morirá de viejo.
Vuelvo a presentar a Carlos Monsiváis. Esta vez con el trabajo:
"Si no compra no predique"
Hacia una crónica de los comunicadores en América Latina.
Publicado por la revista Diálogos de la Comunicación
Aprovechamos igual que México está próxima a escoger nuevo presidente. Y en medio del debate sobre democracia, política y medios, Monsiváis deja caer algunas perlas sobre nuestro país y la región en sus editoriales del diario El Universal.
Más que una dictadura incontestada de los medios, advierto en América Latina un duelo de interpretaciones, muy extremo en los casos de Venezuela y Bolivia, y de características muy onerosas en lo económico en el caso de México. Se produce el juego de espejos. Los políticos viven pendientes de los medios y de las encuestas (la sustitución tajante de la intuición como síntesis de la experiencia, la abolición de los procesos del conocimiento personal), y los medios hacen ver que sin ellos los políticos no dialogan con nadie.
El resultado: los políticos se dirigen a los medios rogándoles de diversas maneras que traduzcan a la nación lo que ellos les confían a las cámaras, los micrófonos y las grabadoras. En rigor, los medios no son intermediarios sino concentradores de la información que reparten a su leal saber y cobrar. Y los políticos son el público más fiel de las imágenes que les prueban a diario su existencia. (Hablo de imágenes, porque es claro que los políticos por lo general ya no leen periódicos sino, en todo caso, servicios de prensa, y dialogan con esas publicaciones del porvenir inmediato, las encuestas, donde cada cifra aspira a la categoría de epitafio o de acta de nacimiento).
Palabra de cronista... A naya
Ilustración extraída de Etcétera.





