Peaje ideológico
Mientras sigue la discusión con el lector Amistoso, dos posts atrás, vamos aquí con otro cuestionamiento.
El peaje ideológico
-"En esta mesa sólo nos sentamos los escuálidos" -Escuché decir a un señor que se autoasumía como tal en un restaurante, mientras su familia se preparaba para un almuerzo dominguero.
Recordé la joda que teníamos hace tiempo en familia para mantener nuestro sagrado rito de la mesa. "El que hable de política paga la cuenta". Y listo, el temario se nos enriquecía.
Pero dentro de la gama de la violencia política, esta vez en el terreno simbólico, el peaje ideológico consiste en ceder la libertad individual de la identidad para homogeneizarse en un grupo con el fin de conseguir favores políticos.
¿Es requisito, para conformar una cooperativa de trabajo, mandar a imprimir franelas rojas?
¿Es realmente obligatorio, como dijo la diputada Iris Varela durante las elecciones del 4 de diciembre pasado, que "todos los funcionarios públicos salgan a votar"... y por el Presidente?
¿Debe pasarse una lista en las universidades progubernamentales, incluida la Universidad Nacional Experimental de las Fuerzas Armadas (UNEFA), cuya cantidad de estudiantes ha aumentado exponencialmente en los últimos años, decía, pasar una lista para obligarlos a asistir a las marchas y concentraciones que hace el gobierno?
No estoy hablando de un pago de por medio. No sé, y no puedo comprobarlo, que haya asalariados asistentes a marchas. Eso es otro rollo, y además una vieja práctica que debe ser desmontada. El peaje ideológico pareciera sarna rascada con gusto. Ponerse la franela roja con manitos blancas o la negra que dice "yo sí soy escuálido", parece una actitud asumida (de "resteo" en lenguaje venezolano) que socava en parte la diversidad de ideas que pudiese tener un ciudadano antes unificarse.
Y tal vez exigir más ciudadanía antes que militancia sea una locura en año electoral.
El peaje ideológico también funciona en otro sentido. Es como un impuesto que se paga por la pertenencia
-Se revisa la misma lista de firmantes del revocatorio presidencial antes de dar empleo en alguna empresa identificada con la oposición (ver asignación de contratos gremiales en el ramo mediana empresa de Fedecámaras).
-Se pasaron como moda los desfiles ciudadanos durante el paro de diciembre. El "no te vi en la marcha" se convirtió en una exigencia entre círculos durante esas fechas. A ése se le sumaba el "te vi en al tele", que hacía mediático la proyección del individuo social inserto en un fenómeno que parecía de masas pero carecía de espontaneidad.
Sonará extraño todo esto. Pero sólo demuestra que los fanáticos tienen su mapa mucho más claro que quienes intentamos movernos en territorios grises. Mi abuela botaba de la casa a quien defendiera al presidente, y la mamá de un amigo te invitaba a salir por la puerta si llegabas a criticarle al chávez que tenía entre las fotos familiares.
La franela, la boina, la bandana y las banderitas de 7 u 8 estrellas, negras o tricolores, diferencian. Y eso va bien si en paralelo logramos las mismas oportunidades de participación y exigencia de derechos.
Pero si en formato pervertido, los signos nos hablan de individuos de mayor o menor calidad para el poder gubernamental y el capitalizado por la oposición en sus dominios (como la mesa del señor en el restaurant, como ejemplo micro), entonces hay dos opciones:
1. Pagar su peaje y hacerle bulto al asunto. En cuyo caso Santos Discépolo les diría "que allá en el horno se van a encontrar".
2. Decir que no. Y ver qué ocurre.





