Música: coito del silencio y el caos: orden
Propuestas para la asistencia a conciertos de música sinfónica (especialmente orquestas de cámara, solos instrumentales y todo lo que requiera del silencio -absoluto- del público)
-Venga tosido de su casa. Por favor. Antes de ir a un concierto tosa en casa. Tosa cien veces. Tosa en el camino, antes de entrar, mientras se acomoda. Tosa por adelantado por cada tosida que planifique para la semana. Hágalo. Y por favor no tosa en medio de la pieza, no tosa en los silencios, no tosa cuando el artista se inspira, ni cuando el oído de los asistentes está tan sensibilizado. Por favor. Llevarse la mano a la boca no sofoca el sonido. Simplemente, tosa por adelantado.
Se incluyen carrasperas, ronquidos, soplidos, flemas y moqueos...
-Es maravilloso que l@s niñ@s escuchen música clásica. Hermosa idea, señor y señora madre. Pero recuerde que los niños entre 2 y 5 años tienen una cuota de silencio de 30 minutos, algunos de 30 segundos. Sepa aprovecharla y adminístrela. Se lo agradecerán y dirán "qué niño tan educado". A los pequeños preguntones se les perdonará toda intervención, antes y después del espectáculo. Durante, deberá hacerlo exclusivamente en el oído de su representante. Los niños son espontáneos, recuérdelo, sonríalo, pero un poquito de por favor a aquellos que en el climax de la pieza dicen en voz alta "¡ya escuché, ahora vamos a McDonald's!".
-Los telefónos celulares te hacen creer que eres importante en el mundo. Pero si vas a un teatro, si vas a sentarte a pasar una velada distinta, sintiendo en directo la obra de un compositor, traslada tu aura de importancia al placer de la música, no al repique polifónico del mentado aparatito. Apágalo, por lo que más quieras, apágalo. Recuerda que hace poco más de una década la gente no "necesitaba" un celular para respirar. No era urgente mandar ya un mensaje de texto. Ni el decir susurrado "aló, no, mira, estoy en un concierto, te llamo luego". Recuerda que las salas de concierto están diseñadas para el regodeo acústico del espacio. Todo lo que haga será escuchado. Si es tan importante el asunto, evite entrar al teatro. Entienda que si usted es tan exclusivo, el resto de los asistentes no nos merecemos su sagrada presencia.
-Los aplausos. La discusión eterna. El 90% del público aplaude "porque los demás lo hacen". Es un efecto dominó, un formalismo extraño. El aplauso es un reconocimiento a la labor, no una interrupción de la misma. El aplauso puede ser espontáneo, y no se niega, de hecho queda perfecto en conciertos como los de la Camerata Criolla, que traspasan la piel. Pero debe saberse que las obras a veces se componen de partes, y solo se aplaude al final de todas.
En caso de que no se sepa, no se preocupe. Dedíquese a pensar cómo lo afectó la obra, qué sintió, cuánto le sonrió el día, cómo se conectó con el legado artístico de la humanidad. Pero por favor no le pregunte a la persona de junto "¿ya terminó? ¿ya terminó?"... porque podría responderle yo. E incluso sin hacer ruido, le puedo hacer sentir mal.
No hace falta que grite "¡bravo!" cuando termina una obra (mucho menos si no ha terminado). Por lo general, los conciertos se graban, y es ridículo que a sus futuras generaciones les diga "¿escuchan eso? es su abuelo gritando más que nadie en el concierto de fulanito".
-Debe brillar el intérprete. Usted es público, no destaque.
Sólo se trata de escuchar música. ¿podemos pedir un poco de paz?





