Atando cabos
Entonces el periodista es un intelectual. Me apuntan por aquí, mejor que un obrero de la información.
Un intelectual orgánico como me dijo un amigo que había definido alguna vez Gramsci.
Su primera fuerza es la libertad. Pero después está la responsabilidad y el compromiso para usarla. Y esto no es evangelizar, sino invitar a tener un poquito más de cojones en este país, que bastante falta hace, y empezar a darle a las cosas de frente.
Separando la complicidad gremial que acepta el mínimo esfuerzo y la componenda política.
Atando cabos y denunciar a cada rato que el rollo de "una calle de nadie" se convierte automaticamente en un "país de nadie" y por lo tanto el no-país. Hace tiempo que somos un no-país, mucho tiempo.
Un periodista intelectual es capaz de buscarle el sentido a las cosas, no sólo regurgitarlas. Es capaz de decir "la calle es tuya" en el sentido de lo público, de la pertenencia, de que las cosas que están más allá del núcleo familiar también importan.
Luchar por lo obvio parece un signo de los signos actuales. Saber que el tejido inexistente es una tarea pendiente.
Y que es parte de todo el presente venezolano que aun la historia no ha sido escrita. Que tan solo hay pistas para saber lo que ha pasado en los últimos 25 años, pero no nada definitivo.
El atador de cabos sabe que parte de la teoría borrosa a la de los espejos fragmentados. Se asume complejo pero puede narrarlo.
Hoy leí una nota de un atador de cabos que no sólo se atreve a reseñar la visita de mañana de Kirchner al país. Sino que es capaz de darle sentido, de lanzarse una tesis y mostrar cómo los tiros van y vienen, cómo se maneja la comunicación política, cómo se negocia y qué está en juego. Un artículo que no es perfecto, pero es una labor del pensamiento, con metáfora incluida.
Se marca una diferencia, y esa debe ser una práctica común.
¿La excepción debería convertirse en una regla, no? Eso predicaban los latinos cuando clamaban por más raras avis.





