Laura y Alejandro van a la Escuela
(A Alejandro, que ya tiene 5 años y hoy fue a su primer día de Escuela.
A Papá, que lo llevó con la levadura de la lectura ya superada, como hace tiempo hizo conmigo.
y a Laureano y la pequeña Laura, quien lo inspiró a publicar esto hace exactamente cuatro años, cuando estaba también en la hermosa encrucijada de la vida y las letras.
Hoy todos más grandes)------------------------------------------------
...LAURA VA A LA ESCUELA...
Laureano Márquez.
El Nacional, 10 de octubre de 2001
El día en que nuestro hijo va a la escuela por primera vez, sale el alma de excursión por las veredas de la nostalgia. ¿Cómo pasó el tiempo? ¿A dónde se fue esa vida en la que papá era un viejo porque rozaba los cuarenta? ¿En qué lugar quedó mi niñez y la sonrisa de mamá?
Hace unos días garrapateabas entre mis brazos y hoy te dejo en tu primer día de colegio, entre muñequitos de papel lustrillo, al cuidado de elefantes, jirafas y focas que empiezan con “efe”. Te dejo con tu maestra y tus nuevos amiguitos conversando animadamente de lo más importante que tiene el mundo: los colores. Ese maquillaje con el que nuestro mirar viste las cosas y que recorremos cada vez que salimos de paseo por las “comiquitas” de Zapata y nos detiene el tráfico entre Armando Reverón y Teresa de la Parra.
Mi niña se fue al colegio, al encuentro de la pulga y el piojo. Se fue a jugar con Aquiles Nazoa a los nombres del cochino. Allí, montada sobre caballitos de plástico, comanda ejércitos de niños que juegan a la paz. Dibuja gente que no es blanca ni negra, ni oriental ni occidental; simplemente gente con ojos redonditos y piernas delgaditas como líneas y así comprende que su patria mayor es la humanidad; que en lo esencial no hay diferencias. Pasa sus mañanas correteando entre verbos y contabilizando un mundo en el que basta contar hasta cinco y donde conocer un círculo es un avance extraordinario porque te permite pintar soles amarillos que sonríen e iluminan las tardes de papá y mamá. Pasa las horas de lluvia con el arco iris entre sus manos, amasando las arepas de plastilina que alimentan los sueños de la infancia. Corre detrás de una pelota que no es de nadie, que sólo es divertida cuando pertenece a todos. Allí quedó, armando animales y partiendo puntas de creyones, encontrando el sentido de las cosas, el arriba y el abajo, el antes y el después, creando el universo mientras lo nombra. Allí quedó, jugando con palabras, oficio enteramente humano que algún día la hará llorar frente a un poema, porque las palabras tienen alma y no se las lleva el viento. Yo la miro por una rendija y me maravilla de la fuerza del amor que la produjo, que la sacó de la nada y le dio vida.
Te dejo en ese salón liliputiense en el que te ves gigante y me pregunto ¿A dónde se fue mi bebé? Comenzó a vivir, se fue solita a construir con tacos de Lego su propio mundo.
¡Ojalá que te quede bien bonito!






Periodismo de Paz ECS-UCV — 2006-01-12 20:17:55