Llueve en Caracas
Salí a las 2:30 pm de la inscripción de mi último semestre en la escuela de Comunicación Social de la UCV. Un desorden que costará algún tiempo olvidar. La automatización del sistema no resultó lo prometido... una mala gestión de crisis le impidió a los responsable hacerse cargo de sus deficiencias, dar la cara, conseguir soluciones o plantearse otros escenarios distintos a jugar con la paciencia de los estudiantes. Es decir, no sólo falla el sistema sino la capacidad de afrontarlo.
En fin, empieza a llover y es exagerada la enorme cantidad de agua que cayó en tan solo una hora... una oración es lo que tenía entre labios la gente que me tropezaba chapoteando en la avenida Baralt, los chicos desatascando a los autobuses atrapados por la corriente en contra (es una larga pendiente), los buhoneros cubriendo su mercancía o dejando alegremente que las frutas importadas (manzanas, peras, uvas y duraznos) flotaran y se refrescaran en sus cajas después de días de sol.
Parte una afirmación que me condena con la arquitectura nacional: En un país que sólo tiene dos estaciones, Lluvia y Sequía, no estamos prevenidos para las precipitaciones. Y no hablo de las grandes vaguadas cuyos desastres son imprevisibles, sino el cotidiano, lo que usamos a diario: las aceras no son diseñadas con desagüe, el canal de agua a los lados de las calles están sucios o no existen, las cloacas no tienen mantenimiento y viven colapsadas (tanto en la urbe como en el campo), los techos y toldos no son diseñados para escurrir correctamente el agua, sino que a lo más concentran todo en un chorro que cae violentamente en medio de la acera. Hasta la Universidad Central de Venezuela, planificada por el genial Villanueva, no tiene un camino techado que conecte su parte central con las facultades, sus facultades con la salida del subterráneo o cualquier otra salida. Menos mal que esta ciudad no es de jabón, porque hace tiempo nos hubiésemos desecho.
En Venezuela a las montañas invadidas por la arquitectura desorganizada y pobre que construye ranchos de ladrillo limpio los llamamos "Cerros", un término despectivo. Cerrícolas viene de allí. A las montañas invadidas por la arquitectura rica o clase media que construye casas o quintas lujosas se les llama "Colinas", "Cumbres" o "Mirador". Un eufemismo que muchas veces viene cargado de una falta de catastro o planificación hídrica del terreno construido.
Ambas montañitas se deslizan igual, con la misma elegancia, acabando con las viviendas sin distinguir clase social.
Seguía subiendo por la Baralt, remando río arriba, en un imperio donde el paragüas, el impermeable o el techito son inútiles. El agua cae de arriba hacia abajo y te moja, sin ventea te golpea de lado y te emparama, si escurre concentrada por un techo se hace la cascada y te empapa, de todas todas maneras salpica, te mojas de abajo hacia arriba. Un poco Forrest Gump en Tropicalia.
Lo mejor fue llegar al edificio donde vivo alquilado en una habitación y encontrármelo escurriendo por todos los costados. Un reciente techo de yeso colapsó y se vino abajo y el agua corría por las escaleras y el ascensor. Lo mejor venía más adelante. Un grupo de vecinos con escobas y escurridores en mano esperaba a alguien de mi casa. Resulta que dejaron tapado el desagüe de la terraza y se formó una hermosa piscina donde encontré nadando al perro, su comida y sus regalitos. Al abrir la puerta me hice parte de la tragedia. El agua no se acababa dentro de ese departamento, estaba por debajo de todo, hacía flotar todas las colillas de cigarro, las cucarachas muertas, los cabellos enredados que quedan bajo los muebles, todo en más de 10 centímetros de agua, medidos y fotografiados por mi morbo. En esa casa, por una inteligencia que no logro comprender, todos los desaguaderos estaban tapado con papel, justo para que no cumplan su función. Y nada, a tirar agua pasillo abajo, desde la puerta principal... a tobito limpio desde la terraza (hasta que mojé al tercer transeúnte) como cuando se nos hundió una lancha un día de pesca... a bucear buscando los aliviaderos... nada, un desastre por imprevisión. Me escapé apenas llegó la dueña de la casa, justo cuando ya estaba terminando de secar la represa casera que se formó. Me vine a la oficina a suspender una reunión y postear esto.
Me llamaron desde casa, ya se sabe allá que Caracas está colapsada, como mi edificio, por algunos costados, no paro de escuchar a los bomberos de lado a lado, suspendieron las sesiones en el Parlamento Nacional (estoy a pocas cuadras) por filtraciones, véalo.
Y todo por poco más de una hora de lluvia en un país donde sólo hay lluvia y las cosas no están diseñadas para la lluvia. Este desastre es cada día más común y a alguien brillante se le ocurrió que las cosas no deben ser reconstruidas porque la próxima lluvia se las llevarás. Paz a los restos de los ranchos, casa y quintas que lamentablemente se acaban de caer. Espero que esta noche sus habitantes encuentren dónde dormir.
Pregunto: ¿Será que cada vez llueve más y más violento o es que definitivamente este país se está hundiendo?





