Un chico en el que nadie piensa
El sábado fue mi primera experiencia con los chicos privados de libertad, con los que estamos haciendo el curso radial. Estuve con uno de los más pequeños del centro, 15 años. Escribimos un cuento.La idea era tomar canciones de Rubén Blades y a partir de ellas inspirar alguna historia, la elección fue correcta, a casi todos lo tocó la pluma de Rubén. Salieron historias bellísimas, reales, cargadas de todo lo que estos chicos, poco a poco, quieren decir. Pero con mi amigo de 15 años la cosa fua algo distinta. A esa edad los referentes son distintos, los coñazos han sido duros, incomprensibles para un carajo como yo. Por más cerca de la violencia que haya estado, jamás estuve dentro, lo admito.
Sin embargo escribimos en primera persona. El dictaba y yo escribía, le preguntaba, construíamos una historia que significaba un reto directo al mundo que había sido tan maldito con él. Era un cuento donde atracaba, sí, donde volvía a robar. Un cuento en el que,obviamente, sí salía bien librado. Lograba escapar de la policía, sus compañeros caían presos y él se quedaba con el dinero y dos muertos encima. Digamos que fue también un reto a mi capacidad de asombro. Él decía: escribe. Yo escribía y se lo enseñaba. Aquí un menor, allá un tiro en medio de la frente, por acá una moto grande, más allá un tiroteo. Todo lo que podía salir de la mente de un chico de 15 años fuera o dentro de la cárcel. La diferencia, lo que horroriza a la gente, es que chamos como mi amigo sí lo hicieron, o parecido. Estoy casi seguro de que todo el rechazo que les tiene la sociedad es que simplemente todos nos sentimos capaces de hacerlo, y como tenemos miedo de nuestra capacidad de violencia, rechazamos al que sí la tuvo.
En algún momento se me encendió el asunto de la consideración humana, el respeto a la vida y todo eso. Le comenté que en su cuento morían inocentes. Eso qué le importaba. Cómo se va a considerar al otro cuando para éste ni siquiera existes. Cómo hablarle de una familia y una casa cuando la calle y los coñazos lo criaron. Es rudo. Sólo eso, es rudo.
Lo invité a echarme el mismo cuento desde otro punto de vista, desde la embarazada apuntada en la barriga en medio del atraco, desde el guardia de seguridad que muere... y nada... o bueno, casi nada... poco a poco. Fue apenas un primer cuento.
A una amiga se le ocurrió la genial idea de utilizarlo en el radiocuento de otro chico como locutor. En este caso era su rollo por el rechazo que la familia de la novia le tiene por haber caído preso. Un drama de amor donde mi amigo cuadró perfecto, sin muertos ni violencia. Oxígeno para ambos. De la jornada quedaron dos propuestas interesantes:
·Acompañar la preparación radial con algo de Teatro, tal vez esa capacidad de asumir roles, ese jugar a las máscaras nos permita lograr otra respuesta de los chicos.
·No dejar de lado su historia personal. Nosotros asumimos no tener morbo por ella, pero si la tienen a flor de piel y quieren tratarla, pues que sea el tema a trabajar hasta el final. Así, desde la complejidad de la radio ciudadana, de ser comunicadores alternativos, pueden ver su propio cuento como parte de algo mayor... y claramente, conocer las oportunidades para salir de allí.
pd: (paralelo a eso, supe de un chico de mi edad en mi pueblo que estuvo implicado en un atraco y tráfico de drogas. Clase alta de Charallave. Su padre pagó 10millones a un abogado conocido para repartir entre jueces y fiscales y el caso no llegó ni a tribunales) (El peso de la justicia recae sólo sobre los más pobres... digamos que es una doble condena)






Periodismo de Paz ECS-UCV — 2005-12-23 16:29:26