Puto lunes para vivir
Traigo este post atravesado en la garganta, he pasado dos días densos y una noche con el servidor de bitácoras caído. En fin:
Les escribí hace unos días que un primo vino de España y que ayer lo despediríamos a él y a otro de aquí que abandona la nave y se irá a probar suerte de aquel lado del charco. Primero contaré lo que ocurrió en la mañana del lunes... ya verán a qué viene.
El lunes me hice parte del proyecto mediático y educativo que llevan adelante unos amigos de la escuela de Comunicación Social. La idea, que iré comentando por acá cuando tenga más aire y se me vaya el nudo de la garganta, es ayudar a chicos privados de libertad en la formación de nuevas prácticas laborales. En pocas palabras, capacitaremos a estos muchachos de entre 14 y 20 años como productores de radio. La particularidad es que están bajo la custodia del Instituto Nacional del Menor por algún hecho delictivo que no nos interesa saber. Sólo que creemos en su reinserción y capacitación para la ciudadanía, para la vida. Prometo escribir más de ésto, sólo que ahora no puedo.
Luego de salir esa mañana del Ministerio de Educación donde estamos formalizando el asunto, me dediqué a mis trabajos del día y luego en la tarde me fui a Charallave a la fiesta de despedida.
¿Qué me encuentro por allá? A mi primo lo robaron viniendo de Barinas, le quitaron los bolsos y su pasaporte. Le hicieron perder dos días en el Consulado y todo lo que eso implica. Además, pisó un hueco en una autopista y se quedó accidentado con el neumático roto... ustedes saben. Todos tenían sus cuentos y lo descargaron, como se hace en toda reunión familiar venezolana.
Sigue la reunión y vienen otros familiares. De pronto me tiran una frase directo a la cara, aún ahora se me eriza: "¿Supiste lo que le pasó a Ó?, le mataron a su hijo en San Cristóbal hace una semana".
Para eso no hay palabras. En el diccionario, un hijo sin madre es un huérfano, pero un padre al que se le muere un hijo no tiene nombre.
Ó es un amigo cercano (los amigos son la familia que uno se escoge), su hijo tenía dos años menos que yo. A otro chamo como él se le ocurrió enamorarse de su novia y así descargó seis tiros de celos, rabia y una gran infelicidad. La violencia se cobra otra víctima, como si ya nos pareciera cotidiana, repetida y legitimada. No fue lo que le pasó a Ó, fue lo que nos pasó a todos. Había hablado con Ó sólo dos semanas atrás, en la parrilla de bienvenida del primo, hubo en esa conversación una admiración mutua entre dos generaciones distintas, entre dos personas que tienen que luchar con distintas capacidades un mismo mundo. Ahora Ó estaba en otra lucha.
Esto ocurrió ayer, junto a otras cosas que a estas horas no termino de masticar. De esas mil que acaban de pasar y que ahora proceso, guardo una imagen. Una foto que ayer tomaran con mi cámara a Ó. Aparece viendo hacia otro lado, apuntando con la mano a un vacío... Cuando la fueron a tomar yo estaba picando carne, tratando de no pensar. De pronto subí la vista, le regalé no sé qué guiño, no sé qué ganas de vivir, lo saludé con un trozo de costilla y me respondió apuntando con su mano. En ese momento vi el fogonazo del flash desde otro ángulo. Su mano en esa solitaria foto me apuntaba a mí. Aún se me eriza el rostro.
Al hijo de Ó lo asesinaron hace una semana. Yo pronto trabajaré con chamos que tal vez fuesen como aquel que le disparó... aún milito y creo en la especie humana (y en los quijotes de mis amigos). Mis primos se van a otro país con una imagen X de éste. No me quita el sueño lo que ellos piensen... me quita el sueño lo que pensemos los que nos quedamos en el barco. ¿y usted? ¿aún duerme?





