Secuestro Express: tirémonos al ruedo
Taquilla, amig@s, taquilla. La recién estrenada película venezolana, Secuestro Express, ha logrado que la gente vaya al cine se le mueva el piso y riegue la voz con buenas recomendaciones. Enhorabuena por el equipo que está detrás de todo esto (desde los creadores y actores hasta la gente de logística y mercadeo), se pueden comer viva a Caracas, y luego quién sabe.
Violencia. Se ha criticado al cine venezolano por esto, por ser violento, grosero y sexual. Pero panitas, así somos en parte, con eso convivimos y lo vemos en el espejo cuando intentamos vernos a nosotros, lo vemos por la ventana cuando intentamos ver una ciudad. Secuestro Express está aquí y allí y detrás de ti. "Cada quien cuenta su cuento de atropello, cada cual saca a pasear su propio miedo. Allá afuera los revólveres no respetan, plomo revienta y nadie se alarma más de la cuenta".
Así nos relataba Desorden Público en su disco Plomo Revienta, con el bisturí de cirujano social que puede ser la poesía y la crónica. Ahora, el mundo audiovisual coquetea con la narrativa urbana... puedes alucinar viendo en la gran pantalla tu avenida Libertador, tu Previsora, tu buhonero favorito, el centro de tu ciudad, y verlas con todas sus costras y brillos. ¡Salud!
No sólo verte es una tentación, sino también escucharte. En esta onda del creer en un "ellos"-"nosotros", que se refleja en toda la película, coexiste una subversión continua de los patrones.
·La niña bien se mete sus pases,
·el perro galán le espachurra las almorranas a un narco-gay,
·el malandro clase media toma nestea,
·los malandros más temibles de la ciudad tienen a sus hijitos en casa,
·y los policías son unos malditos (esta subversión ya los venezolanos la tenemos legitimada).
Puedes escucharte, el caraqueño en sonido cuadrafónico, retumbándote de la risa a un ritmo que sólo uno puede entender. Es genial contar con una historia tan nuestra, tan local, y a la vez tan agradablemente exportable.
Aquí parte otra discusión: qué imagen se llevarán del país quienes vean la película. Eso no me quita el sueño. La película cuenta una historia, no debemos exigirle veracidad ni salidas rosas, no debemos exigirle las respuestas que nosotros mismos no nos hemos construido. Aunque muchas líneas son hermosas en ese sentido... las puestas de posición (social, víctima-victimario, intensidad) hablan mucho de la riqueza de cosas que nos mueven por esta dinámica de vida en una ciudad que se desconoce a sí misma.
Nos hacía falta una historia así, que impulse otras mil historias, que refleje a una generación y un momento que requiere del cuento de cada uno de nosotros.
Si lo que muestra te parece fragmentado (obvio que lo es), entonces recoje tú también un trozo de espejo del suelo, ése que más te provoque, y échanos tu cuento.
¡Échale mantequilla!





