So / Ni
An ulgan memonto le piás se vodidió, se cunfondió, se feu a la rropa. Nos vilvomos edvarsarios de anu masmi idae. Un día unos dijeron: nosotros semos más. Luego otros respondieron: y nosotros lo semos más, y mejores. Se resolvió con: vamos a contarnos... vivos, claro, vamos a contarnos vivos. Esto último es muy importante para definir dos cosas:
1. En Venezuela no llegaríamos a un escenario tipo guerra civil, como algunos predijeron (y anhelaron, embícelis).
2. Tampoco fue tan seria la protesta, pues nos reíamos de nuestro propio intento por saldar el peo. Se hicieron marchas de lado y lado, se cantaron canciones, se rumbeó, se conoció gente: agüita evian - cintitas rojas, zapatos de goma - zapatos de goma. Se grita por la democracia - se grita por la democracia. Ellos dicen "a", nosotros decimos "e". "Se está quedando solo" - "aquí hay camiones de gente". "Los tenemos locos" - "Aquí estamos y aquí seguimos".
La dialógica del asunto parecía no tener ni diálogo ni lógica... pero el país seguía funcionando. "Se va, se va" - "Se va a cagar de la risa"; "Recojan su gallo muerto" - "Verificamos nuestras firmas"; "Queremos a los pobres" - "Entonces no los multipliques"; "Chancletudos" - "Disociados". Al final, decidieron que el asunto se resolvería si unos decían Sí, pues los otros dirían No.
Mejor, ante tanta confusión, en mi país equivocado una gente dijo Ni y otra dijo So... Y luego se les ocurrió algo maravilloso: vamos a contarnos, si en democracia mandan las mayorías (que no quiere decir "se imponen"), hagamos montañitas con nuestros Sóes y nuestros Níes para ver quien tiene más. Como si fuésemos barajitas repetidas, como si fuésemos chivitos juntando cagarruticas para ver quién tiene una montañita más grande y ver quién es el chivo que más caga.
Se dijo así, que contarse era más de pinga, en vez de levantar una mano o responder encuestas amañadas por el canal de turno: (Estamos en Altamira y le preguntamos a esta señora: "¿Doña, qué piensa de este nefasto gobierno?": "ay mija, es lo peor que he vivido": "¿ven señores? habla la experiencia de esta respetable señora, así piensan los venezolanos") (Estamos en la Plaza Bolívar y le preguntamos a nuestra camarada: "¿Compatriota, cómo vive usted éste renacer de Bolívar?": "ay mija, esto es una maravilla, gracias a Dios estoy viva para verlo": "así sea, doñita, amen por sus sabias palabras"): en vez de esos episodios, era mejor utilizar el dedito para pisar una pantallita y acumular en paralelo las cagarruticas del So o el Ni.
Salieron los resultados: ganó la gente del so, o del ní, y entonces la gente del ní, o del só, se molestó, se sintió defraudada y se dividió. Unos de los del so/ni perdedor se sintió una mayoría mal contada y silenciada, otros de ese mismo so/ni perdedor se supo una minoría pero prefirió quedarse callada.
Los del so/ni ganador se gozaron un solo rumbón del que algunos no se han despertado para darse cuenta que abajo hay un país acagurruteado por ellos y los otros y los todos; otros se dieron a la tarea de excluir a los del ni/so perdedor, negarles créditos, puestos de trabajo, y demás. Los del so/ni perdedor, arrechos, hicieron más fuertes sus métodos de exclusión y negación de los otros (que tenían más cagarrutas) para preservar unos espacios que creían exclusivos.
En fin, ni los que votaron por el ni, ni lo que votaron por el so, se entendieron. Era mejor dejarlo así y alabrestarse en cada ocasión posible. Esa guachafita del "chancletudo" - "disociados", "talibanes" - "bushitos" seguía siendo más de pinga. Todo hasta que en estos días vuelven a presentar en un librito los datos que daban al so (o al ni) como ganador, pero con los números cambiados resultando que en ese grafiquito el ni (o el so) aparecía ganador.
Reaparecieron las dudas para los del so/ni perdedor, la alegría porque ahora el tribunal de la Haya sí tenía una prueba porque lo que ellos dicen que es un error de tipografía es la contundencia de los hechos, porque ustedes nos vieron haciendo cola y si hemos dudado por meses y meses no ha sido en vano y porque alguien, coño alguien, tiene que comprendernos. Y vale, los del ni/so ganador, rápido se acogieron al diablillo de la imprenta y no le paren que están locos que le van a vender el país al norte y nosotros somos legítimos porque nuestra cagarruta fue mayor y fue mayor y lo hemos demostrado en otros terrenos y punto.
Entonces, en este país de equivocados, los del ni y los del so no se quisieron dar la mano. Por un error de un libro, o porque no se limpiaron bien después de juntar las montañas de cagarruticas de sóes y níes.
Y listo: ni a so ni a ní ni a mí nos alcanza el aire para contar nuestras absurdas aventuras en agrestes tierras de un país perdido que alguna vez me imaginé, donde unos hombres soñaron con hacer dos torrecitas de babel de puras cagarruticas de papelitos que decían ni y so, no para ver si llegaban a ser más grandes que Dios, sino para ver quien era el chivo que más cagaba.
Y la victoria de los dos podría significar su propia pérdida.
(Al final, ser un nini no es nada soso)





