Tema recurrente: Explicarnos
A mí se me repite, es algo cíclico cuando la mitad de la familia vive fuera del país (empezaron a regresar de donde venimos), es coger el teléfono, chatear o recibirlos en el aeropuerto cuando vienen y escuchar la pregunta: "¿Qué pasa en Venezuela?":
(Coño)
¿Qué responde uno? Digo, en ese momento uno tiene la responsabilidad de contar, más que de dar una opinión, de reflejarles la tierra que ya dejaron y decirles cómo van las cosas. Entonces, ¿por dónde empieza uno? Digo, uno que busca explicar... uno que no se conforma con el "bien, todo va bien" ni con él "jodidos, menos mal que se fueron". Porque no, porque ambas líneas son falsas. Porque la asombrosa y apasionante densidad de las cosas que aquí ocurren no se merecen tanta simplicidad. Es como resumirlo (y en parte justificarnos antes ellos y nuestra posición aquí) en tres alternativas:
1. No me interesa lo que aquí ocurra, estamos bien porque a nosotros (familia) nos va bien.
2. Esto está mal y vamos peor porque me convencí de ello. Ustedes saben: "este régimen dictatorial que nos quieren implantar nos ahoga, no te puedo decir nada por teléfono porque el G2 cubano me espía, esto se jodió, hermano..."
3. Estamos de lo mejor, estamos en buen camino todo va bien. Ustedes saben: "aquí se acabó con lo malo y ahora el país es de todos, tenemos una democracia que crece, las cosas poco a poco se nos están dando, estamos solucionando los problemas y construyendo un país nuevo, el socialismo y Bolívar despertaron, hermano..."
Y coño (repito), las tres posiciones resultan de una ceguera impresionante, reduciendo la realidad (negándola, más bien) a lo que yo crea de ella, a lo que uno prefiere ver de ella.
Tal vez a estas alturas del compromiso sea mejor volver al "sí, todo bien" y cambiar el tema (que los hay, miles). Pero no es justo dejarlos sin el lomito, no es justo pasear a los primos por Caracas y encerrarlos en un centro comercial. Menos cuando yo mismo he insistido en visitar los barrios y los centros en España y Alemania o darme un paseo por una villa miseria argentina después de la calle Florida.
Entonces, ¿cómo narrarnos? ¿cómo construir nuestras propias gestas de país que nos dicen por qué estamos como estamos y por qué aún debemos tener esperanzas? ¿Cómo?
Mañana tendremos una hora y media para pasear el centro de Caracas: Esquivar buhoneros, escuchar el "compro oro, compro oro", ver la Asamblea Nacional que ellos dejaron como Congreso relleno de fiambre político (tampoco todo ha cambiado), veremos la basura que aún no hemos aprendido a botar en la papelera, algunas fachadas restauradas, el Ávila de testigo al fondo, el mismo Simón Bolívar arrullado-encobijado-cagado por las palomas sobrevivientes a los gases lacrimógenos de hace un año, las cicatrices urbanas de la cuarta y la quinta república. Pero nada de esto físico atrapa la sustancia de lo que aquí se ha vivido, los capítulos de esta novela que ellos no han visto y que tanta energía encierran para nosotros.
Cómo no decir nada, si soy yo mismo el que a su tiempo decidió no irse, el que aquí abriga ganas de hacer, pero ¿cómo les cifro mis esperanzas de un mañana?
¿Qué se dice?: "primos, seguimos liados tratando de superar la pobreza, los baches educativos, la corrupción, la impunidad... y no tendremos resultados hasta que todos nos pongamos, tal vez no de acuerdo en los colores, pero sí en que el edificio debe construirse".
O.. como en conclusión les respondo a todos por teléfono:
"Aquí estamos, aprendiendo a ser gente... a los coñazos y tropezando duro, pero aprendiendo a ser gente".
Me conformo con eso, no soy nada bueno para contar.





