Terrorismo Cultural
Término que utilizo desde hace algunos añitos cuando no me cabe en la boca otra cosa para describir ciertas alegrías.
Terrorismo Cultural fue ver de pronto en el metro de Caracas cuando se montaba un señor vestido de liquiliqui de punta en blanco, con sombrero impecable y un arpa de las recias... terrorismo cuando se sentó e intentó afinar una cuerda y le exigimos de inmediato que tocara algo así sin más. Terrorismo cuando todo el vagón se quedó fiel escuchando un concierto llanerísimo entre Los Dos Caminos y Gato Negro... cuando le sosteníamos el instrumento en los frenazos de estaciones y sonreíamos con cierta complicidad a los sorprendidos que se montaban de a poco en nuestro vagón musical. Terrorismo cuando más de 10 dijeron que se habían pelado la estación sólo por escuchar al señor, digamos, una aparición, que en ningún momento habló pues así en silencio como llegó cargó con su arpa y se bajó en Gato Negro dejándonos con las ganas de agradecerle.
Un terrorista pues, un tipo capaz de sacarnos del ahogo cotidiano, de cambiarnos el cassette y romper con toda lógica establecida, con todas las caras del metro que Salvador Gamendia tan bien describió.
También una muestra de terrorismo cultural fue evidenciar el lleno y la algarabía de los conciertos de Huáscar Barradas... terrorismo porque no importaban si cargaban copetes, tupés y bastones, o una ipod, zapatos de goma, franelas rojas o negras... incluso de Iron Maiden... todos estaban allí en una cita íntima de esas que la querida Lil Rodríguez califica como "para Adictos y Adeptos"... eso exactamente somos de Huáscar. Allí todos asintieron cuando el alma detrás de la flauta dijo que la música podía trascender la política y servirnos de encuentro. Así sea.
Terrorismo cultural cuando, efectivamente, en esta temporada de Ópera realizada en el Teatro Municipal de Caracas la asistencia ha sido masiva... la gente se ha quedado afuera por ver a la Orquesta Sinfónica Municipal ejecutando a Bartok, ver Madama Butterfly de Puccini, una antología de música caraqueña (esta tarde) y el seguro éxito que será Don Giovanni de Mozart el próximo viernes y domingo. Terrorismo que la gente asista en grupos, panas, familias, a la ópera........ se habrá visto tamaña subversión?
Y terrorismo cultural el tiraje de 300 mil libros de El Quijote regalados ayer en Caracas... (no creo que sea tolerable el comentario bastante insano que busca convertir ese acto en una "limosna"). Pues es tan legítimo comprar una edición como recibirla regalada de una abuelita que fue a buscarla a una plaza pública ayer en la tarde. Qué gesto tan hermoso... no porque las bibliotecas del mundo en este año de celebraciones se adornen con una edición del Quijote... eso es caspa bibliográfica, sino porque esa gente que lea la obra (sobre todo chicos y chicas) tendrán el inmenso regalo de aprender a volar. Jamás serán los mismos si dejan que Cervantes los atraviese entre pecho y espalda. Y qué alegría saber que hay cierto esfuerzo (al menos en ese sector) por la actividad intelectual. Aunque aún falte muchísimo para lograr convertir la industria editorial en algo sustentable y no prohibitivo (los libros de Kapuscinski nos cuestan entre 80 y 100mil bolívares, el tercio de un salario mínimo... eso lo saben los estudiantes de periodismo).Terrorismo cultural porque somos capaces de construirnos otra relación con el arte, ser parte de él... porque hasta para la semiología urbana es un hecho saludable que esa gente que está allá haciendo cola no lo hace por una "limosna", ni un banco, ni por burocracia, ni por una marcha infértil... lo hace por el arte... porque quiere volar.
Y eso no es más que amor sin lágrimas.





