Triángulo del Conflicto según Galtung
Ya vimos anteayer el triángulo de la violencia, en el que se diferencia la violencia física de la estructural y la cultural (simbólicas). Ese es una aproximación para analizar parte de los escenarios de la vida diaria, pero no puede intentar reducirse sólo a eso.Hoy veremos el triángulo del Conflicto, otro esquema de análisis pero que ubica a las personas, colectivos, instituciones y grupos que actúan dentro de esos escenarios, es decir, nosotros.
El primer vértice lo constituyen los actores del conflicto: todos, absolutamente todos, hasta los que no actúan (que es una forma de incidir en los cambios sociales). Aparte del quiénes son, cuáles son sus intereses y cuáles son sus posturas
El segundo eje se traduce a las actuaciones de los actores: qué hacen, qué acciones toman, cómo se manifiestan, qué dicen...
El tercer eje y más interesante para el análisis es el de las contradicciones. Es aquí donde se estudian las diferencias entre el pensar y el hacer, el ser y deber ser de cada uno de los actores, las posiciones y actuaciones legítimas o ilegítimas que han llevado a la práctica. Estas contradicciones son el motor de la historia (teoría de Galtung y escuchado hace poco en una entrevista radial a Eduardo Galeano). En sí mismas no son malas sino que son el reflejo de nuestra condición humana, inherentes al alma y la conciencia, a nuestros criterios. Pasan a ser dañinas cuando estas contradicciones construyen espacios de violencia que no son mediados a tiempo... así se relacionan los dos triángulos referidos.
Mientras más personas estén inscritas en el escenario en pugna mayor será el tamaño y la complejidad del asunto. No es lo mismo una ruptura de pareja o una discusión familiar que una guerra continental o religiosa.
Así, identificamos facilmente en nuestro día a día cómo las contradicciones en nuestro proceder colidan con la vida en sociedad. El lío de pasarse una luz roja o colearse en un banco, hasta temas mayores como la delincuencia, la corrupción de los poderes o la traición a la ética profesional (de un médico, un periodista). Y más, y más.
"Militares pidiendo desobediencia civil a civiles que les obedecen", o "civiles conformando comandos tácticos claramente militaristas"... (Espero que les suene)
¿A qué viene todo este asunto? A identificar a los periodistas también como actores del conflicto venezolano. No sólo como víctimas o dioses, sino como personas que cumplen con un rol (aún medio indefinido) y que su actuación hasta los momentos ha sido constructora de escenarios de paz o escenarios de confrontación... dependiendo de quien hablemos. La idea es que los profesionales del área no sólo puedan comprender los distintos tipos de violencia que pueden legitimar o impulsar (también mitigar) con su trabajo. Sino identificar dentro de su propia práctica las contradicciones que conllevan a ello. Ser concientes de su papel y su representatividad en estos nuevos tiempos. Nada más...
Con este post y los anteriores, sentamos un poco más de base teórica para todo lo que viene.
Por ahora... ¿el periodista debe ser un juez, un observador o un participante del diálogo público? ¿Qué actuación debería tomar?, ¿Y los ciudadanos? ¿Y los poderes? ¿Y los políticos?
Hablando se entiende la gente ¿no?





